domingo, 13 de enero de 2008

Otoños y otras luces


CAPITAL DE PROVINCIA
Ciudad de sucias tejas soleadas:
casi eres realidad, apenas nido
sólo un rumor, un humo desprendido,
de las praderas verdes y asombradas.
Luego hay hombres de vidas apretadas
a tu destino semiderruido
y muchachas que crecen entre el ruido
cual si estuvieran entre amor sembradas.
A casi todas miro tiernamente,
y los viejos alegran tus afueras
con sus traviesas cabelleras blancas.
Yo estoy contento y, cariñosamente,
caballo gris me gustaría que fueras
para darte palmadas en las ancas.

Ahora la puedes ver en la red http://www.anticuaria.net/, pero en aquel tiempo era sólo un pequeño rincón frente al Campillín, que nos servía de refugio en las tardes del invierno pre universitario. Allí fue, dónde, si mal no recuerdo, encontré mi primer Angel González de tapas blancas , en el que seguramente dejé como siempre mil apuntes y que por supuesto y como siempre no conservo, porque tenían aquellos libros de anticuario un carácter comunitario e iniciático y un destino a acabar perdidos en alguna casa de alquiler de algún amigo.
Después, Angel González acabó siendo uno de los nuestros antes de que me enterara que era también uno de nosotros. Fue de esos pocos poetas cuya lectura te acompaña siempre. Cuando despiertas hacia el exterior y te topas con aquello del compromiso social y político - en nuestro caso a la altura de los primeros ochenta- y cuando posteriormente te vuelves hacia el interior y encuentras que comienzan a aparecer hilos que se llaman experiencia. En todos los casos estaba allí la poesía de Angel González para entender nuestro proceso personal o para prestar a un amigo o para seducir a una chica o para reencontrarte después de una tormenta. Era de Oviedo, pero yo lo creía en New York. Era de este tiempo, pero podía ser de cualquier otro, se llamaba Angel González pero podría haber sido Machado, Cernuda , Blas de Otero o Lorca.
A veces a uno le sorprende ese Oviedo que mira tanto y con tanto amor a las murallas, que envejece desdeñando la ironía clariniana y sin embargo, conserva en sus calles el secreto de voces que llevaron como única montera el Universo y como identidad, la intensidad de la libertad inteligente.
Se marchó en invierno, después de haber puesto luces al otoño y lo hizo en unos días en que la ciudad despierta bosteza sobre la penúltima zarzuela del Alcalde. Dicen que también se va, yo creo que se protege.
Atentos a la peli
Manuel

1 comentario:

Sergio dijo...

Estuve con Ángel por última vez en 1997, cuando cuatro gatos, él uno, yo otro, tú otro, nos manifestamos en Suárez de la Riva suplicando que no derribaran nuestro Fontán querido y lo sustituyeran por un engendro sin espíritu. Éramos cuatro, pero quizás los cuatro más heterodoxos que poder se hubiese podido reunir.

Como decía aquel gran entrenador, en otra ocasión similar, "jugamos como nunca y perdimos como siempre". Nunca más formé parte de un corrillo en el que él estuviera, a lo sumo lo vi de lejos en una conferencia, mesa redonda, o pasean do por la que nunca dejó de ser su ciudad.

Con El Fontán que vio Clarín perdimos un jirón del alma de Oviedo, con Ángel perdemos otro. Sólo nos queda la variedad de aceras y farolas, según categorías ( que todavía hay clases ) que se puede encontrar en nuestro municipio, las de estilo despilfarrador y diseño inexistente de los años 50 del pasado siglo, y las de estilo despilfarrador y diseño de hierro forjado que valen a quinientas mil pesetas la unidad y que se ponen en el Oviedo-Oviedo, quizás para que pueda ajustarse el visón la mujer-mujer que reclamaba Ana Botella.